El hambre emocional

El hambre emocional
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Tanto la ansiedad como la depresión son dos trastornos emocionales que , a pesar de su diversa y, en ocasiones, opuesta sintomatología tienen bastantes efectos comunes en la vida cotidiana. Entre ellos se encuentra el hecho de generar un gran impacto en la conducta alimentaria.
Lo curioso es que , a pesar de tener un claro y poderoso efecto, no tienen un efecto claro, es decir, tanto la depresión como la ansiedad son tan capaces de aumentar como de disminuir el apetito; pueden hacernos rechazar algunas comidas o llevarnos a preferir el consumo de un determinado tipo de alimentos, normalmente ricos en carbohidratos o simplemente volver caóticas las rutinas de alimentación.
¿Por qué sucede esto? El responsable de controlar el apetito es el Hipotálamo, de este centro cerebral depende tanto iniciar la sensación de hambre como de enviar la señal de saciedad. Gran parte de este proceso es llevado a cabo por hormonas y además el Hipotálamo está vinculado también a otros procesos de base hormonal como por ejemplo la sexualidad. Si además de todo el trabajo del que debe ocuparse el hipotálamo desestabilizarnos a nuestro sistema endocrino con las hormonas liberadas por un estado de estrés prolongado, las consecuencias son la pérdida de la función natural del hambre cayendo en un estado de confusión que va creando un efecto de bola de nieve; cada vez nos alimentamos peor y cada vez nos distanciamos más de lo que son el apetito y las necesidades reales de nuestro cuerpo, haciendo caso omiso de las señales que nos envía y enviando falsas señales.


¿En qué consisten estas falsas señales? Consisten muchas veces simplemente en saltarse comidas, normalmente el desayuno por encontrarse “sin apetito” a pesar de llevar horas sin comer. Puede tratarse también de dejar de comer antes de habernos saciado, en mitad de la comida por la aparición de un pensamiento perturbador o una señal fisiológica de ansiedad o, en ocasiones, en interpretar señales de ansiedad o tristeza como señales de hambre. Estas falsas señales , como decíamos antes sirven para desestabilizar aún más las señales propias de nuestro cuerpo y para agravar también la sintomatología depresiva o ansiosa ya que privar al cuerpo de alimento o sobrecargarlo de azùcares y calorías de más perpetuará la sensación de malestar y/ o de nerviosismo.
  ¿Qué podemos hacer ante esto? Aunque resulte difícil, lo mejor que uno puede hacer es obligarse a comer de forma sana y regular, aún cuando no se tenga sensación de apetito o esto implique negarse un consuelo rápido y eficaz como es la comida. En estos momentos debemos seguir más que nunca una alimentación saludable y mantener las rutinas de alimentación y sueño más rigurosamente que en cualquier otro momento. Esto a pesar de ser difícil es un gran paso para comenzar a sentirnos mejor. Resulta también muy útil para empezar a identificar eficazmente los síntomas. Y para definir las emociones diferenciando la parte somática y la parte cognitiva de la sintomatología ansiosa o depresiva que harán mucho más sencillos los procesos de diagnóstico y recuperación.

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